noviembre 20, 2019

¿Levantará cabeza el mercado de las viviendas sociales?

En la década de 1970, Foster diseñó una urbanización municipal por primera y última vez.

Beanhill, en Milton Keynes, fue creada a principios de los años setenta por la joven empresa. Fue el último período en que la cantidad de viviendas sociales construidas rivalizó con las del mercado privado.

Fue planeada como un esquema experimental, estilo Archigram, de casas pequeñas de tipo clip-together, en una disposición informal suburbana.

La escasez de materiales y los problemas en el lugar llevaron a lo que hoy se puede ver allí: casas de hojalata dispersas, con grandes techos a dos aguas que parodian el estilo Tudor. Fueron añadidos en la década de 1990 para detener las incesantes filtraciones.

Después de esta demostración, es dudoso que a Foster se le haya pedido que volviera a diseñar viviendas… digamos, hasta ahora.

A diferencia de otros proyectos de Foster en la Inglaterra metropolitana en los años setenta – digamos, el Centro Sainsbury en Norwich, IBM en Portsmouth, o Willis Faber en Ipswich – no está en la lista ni se lo puede incluir.

Después de esta demostración, es dudoso que se les haya pedido que volvieran a diseñar viviendas… digamos, hasta ahora. Recientes informes muestran un decidido incremento en los proyectos finalizados de viviendas sociales en Gran Bretaña.

Ahora llega la noticia de que Foster + Partners ‒que ya es una megacorporación arquitectónica de ambiciones globales‒ está planeando entrar en el mercado de la vivienda no comercial.

Esto no es una señal de compromiso social, algo que nunca ha sido un factor importante para Foster; se debe al hecho de que gran parte de ella podría construirse en breve. Entonces, ¿qué puede aportar Foster a la vivienda social hoy en día?

De interés social… pero a veces no tanto

El levantamiento del tope de préstamo a las autoridades locales hace que la construcción a gran escala sea más plausible de lo que ha sido desde principios de los años ochenta. Los ayuntamientos con mayor astucia han creado empresas fantasma para construir sin intermediarios.

Sin duda es una respuesta al hecho palpable de que la política anterior de hacer que los promotores contribuyeran con porcentajes de viviendas asequibles no ha tenido ningún impacto en la crisis de la vivienda.

Pero la acción es esporádica. Y a veces, afirmar que las nuevas viviendas del ayuntamiento son de interés social es francamente debatible.

La austeridad ha dejado a la mayoría de las autoridades locales en Gran Bretaña desesperadas por dinero en efectivo. De manera que las urbanizaciones construidas por el ayuntamiento son en ocasiones vendidas en el mercado abierto (como la inmerecidamente loada Colville Estate en Hackney).

Ahora es tan obvio que el mercado se ha vuelto disfuncional que incluso la primer ministro saliente, Theresa May, ha hablado sobre la construcción de viviendas sociales.

Pero ahora es tan obvio que el mercado se ha vuelto disfuncional que incluso la primer ministro saliente, Theresa May, ha hablado de construir viviendas sociales. Algo que los nuevos gobiernos laboristas consideraban equivalente al trotskismo.

Mientras tanto, el centenario de la Ley Addison ‒que hizo posible la construcción masiva por parte de la municipalidad‒ ha llevado a grandes muestras de celebración en el tema de las viviendas sociales.

Esto frecuentemente ha venido de ayuntamientos que en otro contexto han estado tratando de deshacerse de sus existencias de vivienda de la manera más rápida y barata posible.

Y esto no es sólo en el Reino Unido. En los Estados Unidos, una crisis de vivienda similar ha llevado a la demanda de nuevas viviendas públicas, en un país donde la vivienda no comercial arrastra una pésima reputación, y hasta ha sido prohibida en varias de las principales ciudades.

De tal modo que es casi seguro que veremos más viviendas de interés social en los próximos años. La pregunta es: ¿cuál es la estampa que nos van a mostrar?