diciembre 14, 2019

La arquitectura prefabricada vuelve por sus fueros

El gobierno del Reino Unido está en proceso de destinar miles de millones a la arquitectura prefabricada, pero los detractores arrugan la nariz ante la perspectiva de viviendas producidas en serie.

No importa que los primeros experimentos fracasaran. Para hacer frente a desafíos contemporáneos como el calentamiento global y los cambios a gran escala en la población, tendremos que volver a enamorarnos de lo prefabricado.

No obstante, ingeniosos diseñadores de antaño supieron ver el potencial de la producción industrial. En 1968, el diseñador finlandés Matti Suuronen creó un manifiesto seductor para viviendas de producción masiva: la Casa Futuro.

Producida por el fabricante de ventanas Polykem, esta micro-vivienda de fibra de vidrio y poliéster tenía una escalera plegable y mobiliario en estilo futurista. Se calentaba con rapidez, podía instalarse en cualquier terreno y desmontarse en 16 componentes para su reubicación.

Se podía incluso sujetarla a un helicóptero y transportarla en avión de un lugar a otro.

La Casa Futuro comenzó como un encargo para una versátil cabaña de esquí. Pero Suuronen comenzó a verla como parte del creciente movimiento de soluciones prefabricadas de alojamientos desplegables para ofrecer refugio en cualquier entorno.

El momento es oportuno para reflexionar en forma crítica sobre las posibilidades perdidas del prefabricado.

La vivienda en forma de platillo se lanzó al futuro con el carisma de la era espacial. Sin embargo, ahora que la creación de Suuronen celebra su 50 aniversario, menos de 70 ejemplares sobreviven.

Rehabilitando los “métodos modernos de construcción”

Los políticos, por una vez, están tomando la delantera en el Reino Unido. En julio, el Comité de Ciencia y Tecnología de la Cámara de los Lores publicó un contundente informe en el que pedía la adopción generalizada de la fabricación fuera del emplazamiento en la arquitectura.

Mientras tanto, uno de los objetivos centrales del fondo gubernamental de 3 mil millones de libras para la construcción de viviendas es la inversión en “métodos modernos de construcción”. Un eufemismo apenas velado para el prefabricado.

Sin embargo, las actitudes del sector de la construcción y las percepciones del público se empeñan en mostrarse ambivalentes. La razón se debe en parte a la historia problemática del sistema de prefabricado.

Para hacer frente a los desafíos contemporáneos, tendremos que volver a enamorarnos de lo prefabricado.

A principios de la década de 1960, el ministro conservador de la vivienda, Keith Joseph, había hecho una promesa excepcional: construir 400.000 viviendas municipales al año (hoy en día, el sector público apenas gestiona 3.280 al año).

Para hacer frente a esta meta ambiciosa e increíble, Joseph recurrió a la nueva tecnología de sistemas de construcción prefabricados.

Las casas y los pisos se comisionaron con celeridad, para lo que se utilizaron paneles de concreto fundidos en fábrica y ensamblados en el sitio, en enormes cantidades. Pero la iniciativa daría frutos amargos.

Se incentivó a los ayuntamientos con subvenciones para que construyeran edificios y subcontrataran la entrega a grandes contratistas privados. Más tarde se descubrió que los contratistas habían hecho recortes críticos.

La historia detrás de un fracaso

El documental de Adam Curtis de 1984, The Great British Housing Disaster, describe la negligencia criminal encontrada en numerosos bloques construidos con el sistema, con paneles de varias toneladas unidos con muy pocos lazos estructurales, o ninguno en absoluto.

Luego, en 1968, una explosión de gas en Ronan Point, una torre construida con el sistema en el este de Londres, provocó un colapso estructural que mató a cuatro personas. Las municipalidades empezaron a derribar las casas prefabricadas que habían construido unos años antes.

Este fracaso extendido en pleno auge de la construcción con el sistema dañó la reputación de la arquitectura prefabricada en general. Quedaba así asociada a nociones de inhumanidad y peligro.

Y esa reputación aún persiste. Pero el sector de la construcción es en sí mismo el mayor obstáculo para un desarrollo más amplio del prefabricado.

Hoy en día, una fresadora CNC estándar puede cortar con rapidez formas complejas en planchas de madera contrachapada de 2,4 metros de longitud, con una tolerancia de 0,1 milímetros.

Sin embargo, para una simple pared doméstica de 2,5 metros de altura, el National House Building Council recomienda una tolerancia 80 veces menos precisa, de casi un centímetro.

Esta notable diferencia pone de relieve el abismo de precisión que se puede conseguir en las fábricas modernas al compararlo con la construcción contemporánea.